domingo, 6 de septiembre de 2009

Mis vicisitudes en las peluquerías femeninas

Hace mucho, mucho tiempo, cuando todavía no levantaba dos palmos del suelo, comenzó la absurda costumbre de llevarme siempre a la misma peluquería. Una peluquería de barrio, familiar... extraña.

Aunque ya entonces, haciendo gala de mi gran personalidad, impuse algunas condiciones: yo sólo quería quedarme si había mucha gente, porque entonces, mientras esperábamos, me daba tiempo a leerme alguno de los tebeos del Jabato, Mortadelo o Batman que tenía allí el barbero para los enanos como yo. Claro que un rápido pescozón de mi madre me recordaba mi lugar en la escala alimenticia y lo que significaban mis exigencias para el mundo: absolutamente nada.

Acabé visitando esa peluquería toda mi infancia, toda mi adolescencia y toda mi juventud, lo cual tiene bastante mérito si tenemos en cuenta que me cortaban el pelo como a un chihuahua cabreado, eso sí, mi lectura fué evolucionando de los tebeos infantiles a revistas para adultos como la Interviú o la Man, donde podía ver imágenes más sugerentes que un tío enfundado en un colorido traje de licra.

Esto siguió así hasta hace bien poco, donde debido a circunstancias de la vida se me hace bastante difícil acudir periódicamente a mi peluquería "de toda la vida". Pero no porque haya querido mejorar mi estilo perruno de corte de pelo, ¡que va! uno se acostumbra a todo, sólo que los 300 kilómetros que ahora me separan de ella no la convierten en la mejor opción que digamos, al fin y al cabo cortarme el pelo para que parezca gilipollas lo pueden hacer en cualquier sitio ¿no?

Fue entonces cuando mi pareja, siempre detallista y complaciente, decidió descubrirme el maravilloso mundo de las peluquerías femeninas a donde ella acudía para ver si podían arreglarme un poco... y ya de paso dejarme lo más parecido a Sawyer (el de Perdidos). La idea no tenía mala pinta, así que decidí probar ¿qué podía pasar? ¿volverme loco? jajaja, menuda ocurrencia.

La primera vez que puse el pie en una peluquería femenina para que me cortaran el pelo resultó ser una de esas de alto estanding regentada por un homosexual, lo cual auguraba un cambio de look de Chihuhua cabreado a Yorkshire de diseño. Resignado ante la segura ausencia de Interviús por allí, me consolaba suponiendo que habría alguna revista de esas para mujeres donde, paradójicamente, también salen de vez en cuando algunas pivas bastante ligeritas de ropa en artículos del estilo "cómo adelgazar" o "cómo enloquecer a tu pareja en la cama", o en esos anuncios que buscan acomplejar a las lectoras para que consuman compulsivamente absurdos productos de belleza. ¡Gracias publicidad subliminal!

La criatura común de las peluquerías femeninas: la vieja con cardado


La experiencia del corte de pelo en sí duró unos 15 minutos escasos, incluso me dió igual que el mariquita no tuviera tiempo y al final me cortase el pelo una aprendiza que no tenía ni puta idea dejándome el pelo como un arbusto silvestre, lo que no pude soportar fué la hora y media larga de espera. Allí estaba yo, sentado en un sillón de diseño incomodísimo y con la única compañía de revistas de decoración como entretenimiento (sin tías en bikini), pero lo peor fué tener que soportar conversaciones sobre ¡Belen Esteban! Nunca más volveré a aquel antro infecto. Eso sí, la decoración era exquisita.

La segunda vez que entré en una peluquería femenina dos abuelas me miraron de arriba abajo, sin disimular y leeeeeentamente. Varias veces. Me sentí un trozo de carne, me sentí sucio, utilizado... y fué lo único bueno que pasó allí dentro. En aquella peluquería la especialidad era la atención personalizada en forma de preguntas íntimas: cuantos años tienes, cuando te casas, cuando vas a tener hijos... y todo ello delante de mujeres con rulos en la cabeza que te miran fijamente mientras esperan una respuesta tan dramática como el culebrón que han consumido al mediodía. Pues no señora, las únicas conversaciones que admito en una peluquería son: "Fórmula 1", "el tiempo esta loco", "el tour de Francia" o la portada del Interviu, todo lo demás es sencillamente inaceptable.

Rodeado de tíos en una peluquería, ahí se habla de fútbol, coño


La tercera vez que visité una peluquería femenina se convirtió en un episodio surrealista, una de esas escenas absurdas que no acabas de entender pero que, para mayor desasosiego, te tienen a tí como protagonista:

- ¿Cómo quieres el pelo?
- Corto.

Y yo pensé para mis adentros, "Coño, para eso vengo a la peluquería, para cortarme el pelo ¿no?" pues como veremos a continuación, una idea tan sencilla no parece que la acaben de entender en una peluquería femenina.

- ¿Te hago algo modernito?
- No, sólo corto.

¿Por qué demonios tendría que hacerme algo "modernito"? ¿quien instauró la idea de que en peluquería lo moderno es mejor que lo clásico? ¿Bimba Bosé?

- Ahora, se lleva mucho entre la juventud corto por arriba y largo por detrás...
- No, todo corto.

La juventud es una garrula sin ningún tipo de criterio estético propio ¿por qué demonios querría ir como el resto de la juventud? ¿es que tengo cara de borrego sin personalidad? ¡que nadie conteste!

- ¿Y el flequillo cómo te lo dejo?
- Corto.

¿Es que hemos viajado al pasado o qué?

- Y qué, ¿cómo va el trabajo?
- Agobiante.

Dios mío, intentos de conversación no, por favor, ¡no! sigue cortando y calla, te lo suplico.

Mientras tanto, las mujeres de mi lado, hablando a voz en grito, atraen la atención de mi peluquera que parece dejarme por imposible y se une alegre al despellejamiento de alguna otra pobre mujer ausente. Mis tímpanos sufren, pero mi mente descansa relajada.

Al cabo de un rato contempla su obra con las tijeras y me pregunta:

- ¿Qué tal te lo ves?
- ¡Demasiado largo!
- Es que como siempre te veo con el pelo largo, no se como es tu estilo...

¡CORTO, ES CORTO, MALDITA ZORRA ESTUPIDA! ¡¡¡CORTOOOOOOOOOOO!!! - pensé inmediatamente, pero como soy un tipo educado me limité a decirle: "- Más corto, por favor".

Y es que a la peluquería, por definición, sólo voy cuando tengo el pelo largo, una manía como otra cualquiera, hay gente que recoge muebles antiguos de la basura y los restaura, otros que apuñalan repetidas veces a las personas que no les caen bien, y yo voy a la peluquería cuanto tengo el pelo largo... manías ¡¡¡ Por Dios, que alguien me saque de aquíiiiiiiiiii !!!

Ahora me corta el pelo mi suegra, que también me lo corta mal, pero al menos no me cobra por ello. Eso sí, me cuenta cosas de la Belen Esteban, me hace preguntas personales y me deja el pelo demasiado largo por miedo a pasarse... en fin, al menos me tiro a su hija.

Esto es lo que pasa si te dejas cortar el pelo por un familiar


Pero ahí no acaba la historia, hace dos días me enteré por casualidad que mi suegro va a una peluquería masculina a que le corten el pelo... ¡y porque demonios me han ocultado algo de esa importancia todo este tiempo! ¡¿es que quieren volverme loco?! ¡¿loco y además mal peinado?! ¡una conspiración contra mi pelo! ¿y quien será el cerebro de este diabólico plan? ¡¿loco yo?! ¿acaso un loco se arrancaría el pelo como yo? ¿eh? BWA-HA-HA-HA

7 comentarios:

Lord Rilegard dijo...

Peluquería femenina e Interviú parece algo contradictorio ¿no?

Juls dijo...

Desgraciadamente sí, Lord Rilegard... aunque no pierdo la esperanza de encontrar alguna vez alguna mujer que desee algo de buen periodismo y tías en pelotas.

Arfonzo dijo...

Magnifico post. Hay q reconocer q las peluquerias son de los sitios donde mas incomodo se siente un frikie. Sera por el contacto humano no deseado? Una de las pocas veces q fui a una peluqueria de mujeres me atendio una rubia impresionante que me pillo mirandole el escote 3 o 4 veces en 10 minutos...

Por cierto, Juls. Tu pelo es dificil de arreglar...

Trepamuros dijo...

Jajajajajajajjajaja. Muy bueno el post, cómo me he reído. YO no he llegado a tanto. Mi niñez, adolescencia y juventud me la pasé siendo cortado (el pelo) por mi padre, que era peluquero... de señoras. Eso conllevó que jamás y nunca pudiese llevar otro peinado que el de la raya a un lado mientras todos los demás se hacían con su pelo lo que querían. Una vez le dije que quería el pelo de punta y su respuesta fue como para todo: no, eso a tí no te queda bien y el fijador estropea el pelo. Al final, cuando por fin me deshice de él (no hombre, no lo he matado, aunque ganas no me han faltado por cosas que no vienen ahora al caso). Me fui a la peluquería de un amigo y me hice lo que quería, dejármelo de punta, quitándome ese corte de paleto con la raya a un lado que me hacía sentir no anticuado, sino a disgusto porque no era lo que yo quería y además era una imposición de mi progenitor. Y así llevo desde entonces, a gusto con mi aspecto físico, al menos el superior a la cara.

A raíz de ahí he ido a dos pelus distintas de sendos gays, como es habitual, que curiosamente respetaban mucho el que no quisiera conversación mientras me cortaban (algo heredado de mi poca comunicación con mi padre cuando lo hacía él) y además el último, al ser peluquero de mi madre, me cobraba más barato. Lo malo es que como toda peluquería principalmente de señoras, está a tope casi siempre y para ir tranquilo a cortarse hay que tener suerte. El mes pasado tuve que ir a otra porque la mía estaba llena y necesitaba cortarme para ese fin de semana, así que probé suerte en una cerca de mi casa y oye, era sólo de chicos y lo regentaba una chica. Curioso. Salí bastante contento, porque de un corte de pelo barato (lo normal si me cobran más barato) pasé a una atención completa con retoque de patillas a la vieja usanza (navaja), buen recorte de los pelillos en la curva superior de las orejas y corto, bastante corto para que me durase más, que mira que me crece rápido.

Así que, en mi caso, la peor experiencia ha sido pegarme toda la primera mitad de mi vida en la peluquería de mi padre aguantando marujas y siendo obligado a saludarlas y mantener conversaciones con ellas, algo que odiaba ya que encima era muy cortado. Así que cualquier otro lugar para el corte de pelo me ha parecido siempre un paraíso, saliese más o menos contento con el corte. Cosas de la vida.

Juls dijo...

Arfonzo: es lo que nos pasa a los hombres en la peluquería, hay que mirar alguna teta, debe ser un reflejo genético.

Trepamuros: Vaya, me alegro de no ser el único con algún trauma infantil en la peluquería. Ya sabes: mal de muchos consuelo de tontos:

Agent Double O Soul dijo...

Maldita sea la hora en la que el Mullet volvió para arruinar a nuestra juventud

Joss dijo...

¿Esto antes no era un blog de frikis? ¿En qué momento ha pasado a ser un blog sobre belleza metrosexual? ¿Primero se habla de elementos de afeitado y luego de peluquerías?

Está claro que debo volver cuanto antes...

PD: No sé cuanto, cómo o qué os afeitáis vosotros, pero a mí un recambio de cuchilla me dura como 6 meses (sin exagerar un ápice...)...

PD2: No sé cuanto, cómo o qué os cortáis en la peluquiería, pero yo: Máquina al 2 por abajo, tijera algo más largo por arriba.
Fácil y sin problemas...

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