viernes, 20 de mayo de 2016

Los Aristogatos vista por un friki

Hace poco, para ir introduciendo a Juls Jr. en el maravilloso mundo del séptimo arte, le puse la película: "Los Aristogatos", de Walt Disney en la tele. A él pareció gustarle, aunque se cansó a la mitad del metraje, pero a mí el argumento me resultó extrañamente perturbador. Voy a hacer un resumen de lo que ví para que otros padres se lo piensen antes de exponer a sus hijos pequeños a según qué películas:



A la vieja loca de los gatos parece que le ha tocado la lotería, porque ahora tiene una casa enorme con habitaciones que parecen campos de fútbol sala y tiene un criado con cara de estreñido que la lleva de paseo en carruaje y todo.



Como la loca delos gatos ya esta chocha y a punto de palmar, decide hacer testamento con un abogado igual de chocho que ella, pero que esta más salido que el pico de una mesa. Como la señora ya esta más para allá que para acá, se le va la perola definitivamente y le deja toda la pasta de la lotería a los putos gatos.

Y yo no digo que la gata esa sea un poco puta, pero tiene tres gatitos pequeños y los tres son de colores diferentes... blanco y en botella. Supongo que a la película la llamaron Aristogatos para mantener las apariencias, pero esa Duquesa tiene más de cortesana que de aristócrata. Y tampoco quiero extender rumores, ya me conocéis, pero entre los gatos del vecindario la llaman "la abrefácil".




A todo esto, el criado, que es un poquito cabrón y está hasta los cojones de limpiar mierda de gato por todas partes (lo cual es comprensible), se entera de que tendrá que seguir haciéndolo incluso después de que palme la vieja, así que ni corto ni perezoso esa noche droga a los gatos y se los lleva en una moto para tirarlos a tomar por culo debajo de un puente.

A la mañana siguiente la gata se despierta con una resaca de cojones y el cuerpo magullado y piensa: "Mierda, a saber de qué color me saldrá el próximo gatito...", pero se da cuenta de que no esta en su casa y de que algo va realmente mal.

A todo esto aparece por allí un gato callejero vacilón, que parece sacado de Gandía Shore y, descubriendo a la Duquesa un poco confusa, empieza a tirarle los trastos a lo bestia con la idea de tener un frotamiento mañanero con una pija de forma fácil y limpia, dos cosas a las que no parece estar muy acostumbrado, la verdad.




Pero de repente, el GandíaShore gatuno ve a los tres gatitos pequeños y piensa que, a lo mejor, un frotamiento rapidito con lo que parece ser una MILF gatuna no merece la pena teniendo en cuenta que puede complicarle toda la puta vida. Así que, como quiere sacarlos de allí, decide ayudarlos acompañándoles a su casa. Bueno, y así tiene más tiempo para averiguar si a la pija le interesa un follamigo sin compromiso.

Durante el camino se encuentran con dos gansas que son el epítome del cuñadismo: sabelotodos, siempre señalando que lo haces todo mal y diciéndote lo que tienes que hacer. Luego se encuentran con un ganso completamente borracho para gran regocijo de las cuñadas y la pija.

Una vez llegados a París, el gato lleva a la pija y a sus hijos a una Rave en una casa okupada llena de gatos indeseables que van hasta arriba de sustancias psicotrópicas y pasadísimos de vueltas... al final la rave se traslada a otro sitio y ellos se quedan en esa buhardilla okupada donde el GandíaShore le tira los trastos a tope a la pija, que parece que al principo se deja, pero al final se hace la estrecha, la muy calientapollas.





A la mañana siguiente, los gatos se dirigen a su casa para volver con la vieja de los gatos, pero les abre el hijoputa del mayordomo que los mete en un saco y los esconde haciéndose el loco delante de la vieja.

El gato callejero, que aunque no ha mojado el churro, se ha encariñado con la pija y los niños, manda a buscar a sus amigos de la Rave (que van tan pasados de vueltas que casi matan al mensajero) y se lía a hostias en plan chungo con el mayordomo, hasta que llegan sus colegas y se lía parda. Al final logran reducir al mayordomo encerrándolo en un baúl que iba a África.

Una vez en casa con la loca, la pija consigue convencer al gato callejero de que se quede y la ponga a 20 uñas, así que para celebrarlo se montan una RAVE brutal. Los cachorrillos siguen allí viéndolo todo y absorbiendo esas malas influencias. Mi opinión es que los servicios sociales deberían actuar cuanto antes.

La recomiendo a padres que quieran que su hijo sea un GandíaShore o que su hija se convierta en una "abrefácil".


¡Hasta la vista frikis!





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